
En la creencia tradicional tibetana Chu-Mik Gu-Dril (Nueve ‘Ojos de agua’ Trenzados') tiene el poder de protegerte del daño. Así que usando los nueve “ojos” en forma de amuleto, joyas o tejiéndolos sobre la ropa se convierte en un arma contra el mal y las fuerzas demoníacas. El diseño consiste en hebras blancas y negras (luz y oscuridad) entretejidas formando “ojos”. Los dos colores representan las dos deidades protectoras del estado de Tibet. Los tibetanos también creen que usar una pulsera con los nueve “ojos” en la muñeca, donde fluye el pulso esencial del cuerpo, da protección contra los desordenes nerviosos.
Los
hombres en Tibet cosen diligentemente los nueve “ojos” en sus hondas. Creen
que esto aumenta el poder de
En 1988, dirigidos por el fallecido Yulo Dawa Tsering (Ven. Yulo Rinpoche), los prisioneros políticos tibetanos comenzaron a usar pulseras con los nueve “ojos” para protegerse de los “malvados” chinos, vistos por los tibetanos no solo como sus opresores sino también como el enemigo del Dharma. Era también una protesta silenciosa contra las atrocidades chinas en Tibet y una marca de solidaridad entre ellos. Sin saber de esta simbología, los guardias de las prisiones también empezaron a usar las pulseras, quizás porque lo vieron como una costumbre “nativa” excéntrica pero inofensiva. Sin embargo, cuando se dieron cuenta del significado de usar la pulsera, las autoridades de la prisión prohibieron inmediatamente su uso. Los prisioneros a los que les encontraba usando la pulsera eran castigados, muchos eran torturados e incluso se les extendía su sentencia.
Popularmente
conocida como “Rangzen” o “Pulsera de
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